domingo, 6 de marzo de 2016

Jumper partió al cielo pero me dejó el mejor de los regalos

JUMPER

A Un año de la partida de mi perro amigo, guía y protector Jumpy, puedo compartirles cómo fue su desenlace, ya que antes me era imposible sin entrar en un llanto profundo. Sé que caerán lágrimas por mi rostro al ir escribiendo, pero ya sin un profundo dolor porque el tiempo va cicatrizando. Pero no hay un día que al salir a caminar no perciba su ausencia (ya algunas lagrimas! uff)

A mitad del año pasado Jumper empezó a desmejorar, tenía el problema que tienen la mayoría d e los labradores, displasia de cadera. Hice todos los tratamientos posibles, naturales y tradicionales, contra el dolor y para darle fortaleza. Este problema  le fue diagnosticado de cachorro. Êl buen trato y la gimnasia diaria, caminata y nadar, hizo posible que llegara a los 12 años, edad en la que partió. En diciembre se desmejoró, pero pudimos en enero salir juntos de vacaciones, nuestro último viaje entre los muchos que tuvimos… (lagrimas)

Pero a principios de Febrero un día al decirle ¿vamos a pasear? Por primera vez en 12 años se sentó y me dijo “No…no puedo”, fue terrible…,  antes ni empezaba a decir Pa…(sear) que ya estaba en la puerta con la correa en la boca. Fue duro para mí ese momento, era el que no quería que llegara nunca, jamás lo olvidare. Y a mediados de Febrero empeoró, le costaba pararse y el dolor ya era agudo. Llame a una persona que había conocido hacía dos años atrás, medico, que había hecho el encuentro con los caballos y al finalizar ese mismo domingo, mientras regresaba a su casa, le avisaron que su papá había sido internado por un chequeo debido a un dolor agudo. Lamentablemente, esa misma noche, recibió la triste noticia que le diagnosticaron cáncer. Eso hizo que al otro día se contactara conmigo y agradecerme, que al haber hecho el encuentro con los caballos, pudiera recibir la noticia con fortaleza. Quede en contacto, acompañándolo en la enfermedad de su papá. Durante un año y medio sucedieron un par de encuentros en algunos viajes de Buenos Aires – Capilla, y en uno de los últimos, hubo un encuentro que nos sorprendió. Sucedió de darnos cuenta de la gran conexión espiritual y el mismo sentido de labor que compartíamos, sintiéndonos, “viejas almas” conocidas.

Su voz interior lo llamaba a vivir en capilla, pero por “circunstancias” que vivía,  bloqueaba su llegada. Como dije anteriormente, él es médico. Un día Jumper amaneció muy mal, ya había hecho todo, era el dolor que lo maltrataba. Recordé que me había hablado de un tratamiento para el dolor natural de procedencia alemana que se aplica a personas. Era desesperante y sentí que era cuestión de tiempo. Lo llame y le pedí si podía conseguirla y venir a aplicársela a Jumper.., y en tres días la consiguió y viajó. Ni bien llegó se la aplicó, también tenía conjuntivitis y trato sus ojitos. Esa misma noche de la aplicación Jumpy hizo una catarsis, dicen que así actúa lo homeopático. Estaba tan mal que me acosté a su lado y le hable muchísimo y también llore. El, como siempre, se preocupaba por mí hasta en ese momento y secaba mis lágrimas con sus besos. Le dije que le agradecía todo lo dado, que lo amaba,  que se fuera tranquilo, que yo iba a poder cuidarme y que mi papá, ya fallecido, lo iba a recibir y que iban a volver a pasear juntos por el cielo. Lo que más le pedí fue que no me pusiera en la situación de tener que sacrificarlo, que el momento del partir sea absolutamente su decisión. Me quede acariciándolo y luego deje que descansara ya que estaba más preocupado por mi malestar.

Al otro día amaneció muy bien, tranquilo sin dolor, hasta pudimos caminar un poquito!

Como estaba bien, esa noche salimos a cenar con el Doctor y le agradecí que viniera a ayudar a Jumper. Finalizando la cena el Doctor decidió tomar el rumbo de la charla sobre la naturaleza de nuestro encuentro. Repaso lo vivido desde que nos conocimos y expreso los sentimientos que de él habían emergido profundamente sobre mi persona. Vergonzosa compartí el mismo sentir. Entonces me propuso experimentar nuestra unión. Mofamos por los “no”: el acostumbramiento a ser solitarios,  la diferencia de edad… Pero al hablar de un futuro diferente, solo nublaba la realidad del presente que nos encontraba frente a frente, dándonos a entender que éramos “nosotros” a pesar de las infinitas posibilidades futuras.  

El aquí y ahora es la única verdad fehaciente, el futuro solo probabilidades refutables.

Volvimos a la casa, y nos sentamos en el living. Al ratito nos sorprendió Jumper que se pudo parar solito y se acercó para sentarse entre medio de nuestros pies. Nos sujetaba con sus patitas y se movía mimoso, contento.

Al otro día  amaneció muy tranquilo, sus ojos estaban sanos y brillantes gracias al tratamiento del doctor. Recuerdo que iba a salir a hacer un mandado y le dije: ¿Jumpy vamos a pasear? Permaneció reposado y  me miro profundamente realmente sus ojos eran cristalinos, me perdí en esa mirada intensa, llena de amor, el tiempo se detuvo…

Cuando regrese se había ido al parque lo vi de lejos al sol, y luego salí darle de comer y no tenía ganas, lo ayude a pararse y se echó a la sombra del ciruelo. Entre a la casa, almorzamos y tenía que ir a buscar a una persona a un par de cuadras, se quedó el doctor. Fueron unos minutos. Cuando volví,  el doctor me recibió en la puerta y me dijo que Jumper se había ido, y yo sin darme cuenta dije: ¿Cómo que se fue? ¿A dónde, sino puede moverse mucho, como salió?....y bue…luego del silencio me di cuenta que mi amigo se había ido más lejos de lo que creía. Entré corriendo, pero me detuvieron para tranquilizarme y luego salí al parque a verlo, ya estaba tapado con su manta y aún retenía su calorcito. No pare de acariciarlo y hablarle…Que decir… uno de los días más triste de mi vida, se había ido una parte mía en él. Se había terminado un compartir que era solo de él y mío…

Era tan fiel, que el decidió irse por su cuenta, como se lo había pedido,  y espero el momento a que no estuviera.
 Se fue acompañado, Joya la perra de una vecina que nos acompañó los últimos meses, estuvo acostada a su lado, así los encontró el doctor y ella se corrió cuando yo entre a la casa para también poder contenerme a mí. Los animales…perciben todo…amor puro.

Lo sepultamos al lado del río Calabalumba, cerca de los tres puentes, con su pelota, collar piedras y manta, en una parte donde se dividía en dos brazos. Siempre íbamos ahí cuando paseábamos. Sentimos que nos pidió cerca del agua, a la que tanto amaba.

Cuando terminamos, nos sentamos sobre una piedra con los pies en el agua, hacía calor y había empezado a lloviznar. El doctor metió su mano en el agua y saco un par de piedras recordando a Jumper, con las cuales tanto jugaba cuando las buceaba. La última piedra que tomo era grande y tenía la forma de un corazón. Sentimos el regalo que Jumper nos hacía y la conservamos. Recordé que Jumper la última noche que hablamos sentía que me decía que iba a estar bien y que abriera mi corazón. Luego me di cuenta que me lo decía por el doctor.

Esa noche se desato una tormenta muy fuerte y recordada en Capilla del Monte, cuando volvimos a ver el lugar, ya no existía donde lo habíamos puesto. Solo había río, se habían unido los dos brazos, y volvimos a sentir un mensaje de Jumper… Únanse!

Y Jumper se fue de paseo con el río porque él era parte del agua, fluye, la tierra no era su destino.
Fue tan fiel a mi cuidado que no se fue sin antes asegurarse que otro tomaría esa posta y más. Jumper me decía que ahora tenía que armar mi propia familia. Y  se fue cuando percibió que el doctor y yo nos habíamos unido. Espero para ese momento.

Que más decir…solo infinitamente agradecer a la vida haber sido acompañada por Jumper en el momento más especial de mi existencia.  Él llego dos meses antes de fallecer mi mamá, me acompaño en el dolor, me acompañó en toda la experiencia de mi despertar de consciencia, lo acompañó muchísimo a mi papa que lo ayudaba en sus caminatas, lo compartimos plenamente con mi amada sobrina Brisa, se llevaban solo un año, crecieron juntos. Me acompañó en el fallecimiento de mi papá, que fue también su gran amigo, y su compañía finalizo con el encuentro de mi compañero de camino, el doctor Hernán Wexler. Quién es hoy mi amor, mi amigo, con el cual compartimos el mismo idioma, la conformación de una familia, viviendo desde la consciencia existencial del Ser que nos habita y poder compartirlo.

Vivir la experiencia de una unión sagrada en estos tiempos caóticos es la posibilidad de ver el faro en la oscura tormenta. Como nosotros lo hicimos, atravesando limitaciones mentales basadas en temores y prejuicios, que ante el amor incondicional, no tienen fundamentos.
Ya les compartiré la experiencia de esta bella unión sagrada.

Gracias Amor, Hernán,  por mitigar el dolor de Jumper y gracias Jumper por tu protección hasta el final y tu regalo al partir; la bendición de está unión.


La vida tiene sus tristezas, ya despedí a tres Seres importante, pero es más lo que da que lo que quita. Porque aunque nuestros seres queridos ya no estén aquí con nosotros, vale más haber podido vivir la experiencia en un corto tiempo, que una existencia eterna protegida del profundo sentimiento de dolor. Si duele, es porque la experiencia fue de un profundo sentir.

Te amo amigo sé que estas paseando por el cielo con papá, a veces “te veo” los extraño…pero mi corazón está tranquilo.  Sé que están felices por mi presente, que es el resultado de mis actos, por querer lo mejor para mi sin defraudarme.

Y así lo seguiré haciendo, por la felicidad de la familia a formar, por ustedes y por todos aquellos que se encuentran en la tormenta sin poder ver aún el faro.

Con amor