La Belleza es uno de los sinónimos de la gracia de Dios.
El brillo de su luz a través de la naturaleza, lo estético y cálido.
Dios es Amor, dicen.
Lo que irradia odio y mezquindades no es de su mano.
La belleza en una flor, la belleza cuando sonrríes, o cuando haces de las cosas simples algo esplendoroso.
Los paradigmas sobre la belleza, sucumben ante la calidez de un rostro amable.
¿Qué refleja un rostro amable?
Confianza, compasión, amor, paz, sabiduría.
Es una cirugía estética mayor, que a diferencia del mal paso del tiempo, sucede consecuentemente en juventud eterna.
Un rostro amable, jamás se vera viejo.
Ese rostro nos lo concede Dios cuando lo reconocemos como un todo.
No hablo del dios de una religión, su envergadura no puede ser atrapada en una estructura.
Dios es libertad mora en todo los hogares sus ojos no miran en desigualdad.
Nosotros nos castigamos o abrazamos, según el mirar del otro.
Nos culpamos muchas veces de maneras despiadadas, miserables, como si fuéramos para nosotros mismos, un total desconocido.
Sino me reconozco a mi misma como una creación divina
¿Cómo voy a reconocer al creador?
La Esencia no nos lastima, sino la razón.
El raciocinio del como vivir, provoca un sin sentido de la vida.
La simpleza de una energía esplendorosa que nos sostiene, y si lo permitimos nos abraza, desintegra la razón y conecta al corazón. Albergándonos en la morada divina que habita dentro y fuera nuestro.
El verdadero templo, el verdadero hogar donde sólo habita la belleza.




