Cuando miro a los ojos de alguien y encuentro su mirada
apagada, se refleja desazón, tristeza frustración, aunque por fuera la
apariencia quiera decir lo contrario
Cuando me encuentro con ojos “perdidos” siento una tristeza
tan profunda que me llega hasta los huesos.
Ojos que no ven lo esencial.
Y
los comprendo porque allí he estado, con la mirada perdida encandilada por
falsas luces.
Cuando se está en es ese estado para poder ver de
verdad, se necesita irremediablemente apagar la luz que nos distrae.
La apagamos o a veces nos la apagan.
En mi caso cuando falleció mi mamá. Y es necesario
quedar en esa oscuridad, que se siente como un profundo y traumático vacío.
Siento compararlo con la semilla, cuando se la
entierra en la fría y oscura tierra, donde al principio parecía su muerte, toma
de la tierra nutrientes y fuerza para abrirse entre ella, echando raíces para
elevarse por encima de la tierra dando su flor.
La tierra somos nosotros mismos, y la semilla ya
está ahí esperando que le permitamos echar raíces, la esencia pura que nos
habita.
En ese vacío se puede sentir desesperación, porque
no sabemos en qué se convertirá la semilla, pero no hay que temer, eso solo sucede
porque estamos alejándonos de lo “conocido”
A cada persona que viene a los encuentros con los
caballos le pregunto:
¿no te intriga saber cuál es tu semilla y en que flor se
convertirá?
En este camino de reencuentro con mi esencia, he
aprendido a leer la mirada. Distingo cuando los ojos están cerrados
desconectados de lo esencial.
Con los participantes de los encuentros su primer
entrega al venir me “obliga” a sacudir sus mentes cristalizadas, lograr
“abrirles los ojos” Cuando llegamos a ese momento es sublime, quedan en
silencio con los ojos claros, aunque no lo sean. He visto ojos claros muy
oscuros. Cuando terminan el encuentro y se miran al espejo pueden luego
comprenderme a que me refería sobre los ojos cerrados.
Algunas veces al llegar me dicen “Estoy en un pozo”
y les contesto “Pero yo te veo parada frente mio” … (Se ríen) -“Si pero , hablo
de un pozo interno” - Si estuvieras realmente allí, estarías descubriendo lo
esencial. Estas en una confusión mental que te bloquea ver tú verdadero Ser.
Entrar al vacío sin temor, las transformaciones
duelen, pero son salvadoras por ende sanadoras
Hace unos pocos días un adolescente que sufre
adicción a las drogas dijo: Tengo miedo y en su posterior silencio percibí..
¿Sino soy lo que hoy soy? ¿Quién seré?.
Aunque lo que vivamos sea terrible, tenemos miedo a
“conocer” lo bueno, pero por suerte nuestro corazón nos propulsa.
Abre tus ojos siente la vida, vive tu experiencia
en este pasaje que tenemos por esta tierra de la manera más natural posible,
aprende a ver el engaño propio y serás plenamente inocente y encontraras el más
puro amor simplemente sentado en silencio sobre una roca.
No hay que temer a estar con uno mismo. Me sucede
que viví la mayor parte del tiempo rodeada de personas. Hoy estoy la mayor parte
del tiempo conmigo, necesito realmente estar en silencio externo, pido
disculpas a quienes me invitan a visitarme, tomar mate, un té, pero realmente
no es nada con ellos, sino simplemente no lo siento. Tal vez quede como
descortés, pero no realizo un acto sin sentirlo, a pesar del otro.
Soy fiel a mi misma.
Siempre recuerdo en el año 2001, dos
antes de mi despertar de consciencia, un compañero de trabajo me sugiere y
presta un libro De Nichtze “Así hablo Zaratrusta” escrita en 1883, donde en un
pasaje él habla del árbol que creció tanto que si quisiese hablar, no tendría a
nadie que lo escuchase. Al mirar a sus lados estaba solo. Recuerdo que,
aun sin la sabiduría que hoy tengo, en ese momento comprendí claramente esas palabras.
Sentí temor pero al mismo tiempo la curiosidad de ser ese árbol, y entendí que
es parte de la evolución.
Así es todo cuando se vive desde lo esencial, con
los ojos claros podemos ver la totalidad. Vivir esta experiencia maravillosa
que es la vida a pesar de las personas amadas que partieron. Reivindicarlos con
alegría y agradecimiento por el encuentro y lo aprendido y no con un eterno
duelo.
La muerte de mi madre despertó en mí el milagro,
Ella tuvo la virtud de hacerme abrir los ojos dos
veces, una cuando nací y otra cuando ella murió.
La naturalidad de la vida es perfecta, no la
obstruyas y aléjate del “ruido” para poder escuchar la voz de tu semilla que
pacientemente espera.
Abre tus ojos y avanza, no te aferres a la
comodidad de lo conocido, solo sacia un poco a la mente, pero jamás a tu gran
espíritu.
Con Amor me comparto
MARIA LAURA BERNAL
Viviendo desde el Ser
-Consciencia Expandida-

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